Cuando alguien me comenta todo esto, viniendo de una persona de estatura baja, pelo moreno, ojos y piel oscura, con narices indígenas, me quedo realmente asombrado, incrédulo. Debió de ser verdad que los antepasados que le dieron esos dos apellidos ibéricos fueron tan malos que se mezclaron en su familia, aniquilándola. Tuvieron que ser diabólicos para parecerse tanto a ellos que no dejaron rastros caucásicos en sus rostros. Magia negra, por lo menos. Y no digamos de las tres o cuatro lenguas indígenas que les dejò como herencia... de Japón o de la China... Ni se entendían entre ellos, teniendo que utilizar el castellano para aclararse... Qué gente más mala que celebra un encuentro que debió producirse con ingleses, holandeses y franceses, que no tenían las mismas enfermedades y que no se juntaban con la población local, como en EEUU, dónde los indígenas son todos blancos y con ojos azules. Qué espanto de gente, y encima se les ocurre celebrar aquel encuentro sangriento, lleno de marineros enfermos de gripe y viruela a posta, con virus teledirigidos como drones.
Pues bien, aunque parezca mentira, en España hay mucha gente que se cree todo esto, avergonzándose de su propia Historia. Se llevan las manos a la cabeza al ver con sus propios ojos el saqueo que ellos mismos han cometido recientemente en Venezuela y lo magnifican de tal manera, con tanta lógica y determinación, como si hubieran estado allí...
Para esta gente no cuentan las universidades, los edificios, los puentes, la rueda, los hospitales, las escuelas, los caminos, las ciudades creadas de la nada, los cultivos, la lengua común, las leyes de iguales, los matrimonios mestizos, las costumbres sanas de no realizar sacrificios humanos, de promover la paz entre los pueblos indígenas con una misma ley y respetando sus territorios, la conservación y el estudio de sus lenguas y costumbres, el respeto mutuo... Nada... Todo esto no vale nada a los ojos de determinadas personas, más bien ignorantes y con falta de sentido común.
Por todo ello hace que este año haya celebrado con más ansia esta fecha, porque si bien las enfermedades provocaron un genocidio al principio, posteriormente, y ya en el Siglo XVIII, las ciudades de esa parte española de América eran mucho más prósperas que el mismo París o Londres. Y eso lo construyó nuestra cultura, la española, aunque sea gracias a un despistado marinero genovés.
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